4 de febrero de 1992 – Una advertencia de un nuevo consenso de Puntofijismo

Nino Pagliccia

[Posted in English in TeleSUR]

¿Puede un evento del pasado darnos una advertencia sobre los eventos actuales de hoy?

La respuesta es afirmativa si creemos que la historia nos enseña lecciones. Cuando observamos un evento histórico importante, generalmente tendemos a recordar la información objetiva que rodea el evento – los hechos reales que tuvieron lugar en ese momento. Ya que nos gusta marcar aniversarios, eso es esencial. Pero también debemos desafiarnos a reexaminar el evento en busca de un nuevo significado y una nueva percepción sobre la relevancia del evento.

En los libros de historia, los hechos suelen ser precisos; documentos oficiales los testificarán. Sin embargo, el análisis de los hechos que se registrarán en los libros de historia dependerá de la interpretación correcta de las acciones tal como estaban destinadas a ser cuando se llevaron a cabo. Se debe preservar la exactitud de la evidencia, inclusive de un informe equilibrado del análisis.

En este momento recordamos el aniversario del intento de golpe de Hugo Chávez en Venezuela el 4 de febrero de 1992. En una región donde el simbolismo marca eventos importantes, ese día fue declarado como el “Día de la dignidad nacional de Venezuela”. Ya hemos mencionado en un artículo anterior qué aspectos del pensamiento de Simón Bolívar pueden haber inspirado a Chávez, [1] y tenemos una buena idea de cuál fue la razón de Chávez para el golpe, pero también debemos preguntarnos, ¿cuál es la implicación para Venezuela hoy, 26 años después?

Chávez creía que el “proyecto bolivariano”, como él lo llamaba, no había sido completado, ya que Venezuela y el resto de América Latina no habían logrado la independencia plena, ni política ni económicamente, y todavía estaban bajo una dominación neocolonial. El justificó sus acciones con estas palabras: “ha sido el mismo sistema, en economía y política, la misma negación de los derechos humanos y del derecho del pueblo a determinar su propio destino … Venezuela estaba sufriendo una crisis terminal, por una dictadura vestida con ropa democrática.” [2]

La “vestida con ropa democrática” era una referencia a la apariencia de un sistema multipartidista cuando, en realidad, los dos partidos dominantes habían firmado un pacto para formar un monopolio de centroderecha del poder controlado por los intereses de la oligarquía venezolana, con la exclusión del pueblo, que no permitía desafío al consenso político. Chávez se refirió a este monopolio como “Puntofijismo” por el lugar donde se firmó el Pacto de Punto Fijo en Caracas. [3]

El fracaso del golpe en 1992 se convirtió en un éxito inesperado ya que le dio a Chávez la oportunidad de ser conocido y de instigar a una población que estaba lista para reconocer la contradicción de un país rico con 80% de las personas viviendo en la pobreza. [4] Una gran mayoría de los venezolanos apoyó la rebelión.

Pero ese fracaso no impidió que Chávez cumpliera su promesa hecha diez años antes en 1982: “Juro por el Dios de mis padres; juro por mi patria; juro por mi honor que no daré tranquilidad a mi alma ni descanso a mi brazo hasta no ver rotas las cadenas que oprimen a mi pueblo por voluntad de los poderosos .

La razón política que dio Chávez y su determinación personal lo llevaron a postularse a la presidencia y ganar las elecciones en 1999 con un programa político que prometía romper el largo trecho del Puntojismo que duró de 1958 a 1999, y provocar una profunda transformación de la sociedad venezolana. Chávez vio los problemas sociales en Venezuela como consecuencia, no como una coincidencia, de la explotación de su riqueza por parte de corporaciones extranjeras en complicidad con la oligarquía nacional.

Chávez creía que Venezuela necesitaba lograr el control total de su industria petrolera para que sus ingresos beneficiaran a todos los venezolanos por igual y justamente en un proceso guiado por el estado a través de programas sociales. Al mismo tiempo, y para hacer eso, cumpliría el sueño de Simón Bolívar de una verdadera independencia de todas las potencias coloniales no solo para Venezuela sino también para América Latina a través de la integración para un intercambio justo entre todos los países de la Patria Grande.

La vida de Chávez se vio truncada por su muerte prematura en 2013, pero su legado se refleja en una sola palabra, el Chavismo. La intención que lo movió a la acción del 4 de febrero de 1992 todavía está viva y es necesaria hoy. La mayoría de los venezolanos han puesto su fe en el presidente Nicolás Maduro para que continue la Revolución Bolivariana. Las elecciones presidenciales que se realizarán antes del 30 de abril de este año volverán a expresar la voluntad popular de los venezolanos – libre, democrática y soberanamente.

Sin embargo, ha habido un esfuerzo concertado para detener el proyecto bolivariano desde su inicio. Quienes heredaron el impulso político de Puntofijismo intentaron un golpe de estado contra Chávez en 2002, que era demasiado pronto para ser utilizado como una declaración de fracaso de su proyecto y, como la historia debe registrar, fue contra la mayoría de las personas que de hecho lo restauró al poder.

En estos momentos, se está llevando a cabo un diálogo en la República Dominicana entre el gobierno y algunos representantes de la oposición para avanzar en el proceso constitucional. Podemos lamentar que se haya llegado a este punto, pero debemos celebrar la muestra de voluntad política de las partes involucradas.

Desafortunadamente, los gobiernos poderosos han firmado tácitamente otro pacto, similar a un Puntofijismo internacional cuyo centro está claramente y abiertamente ubicado en Washington, no en Caracas. Este es un nuevo pacto para formar un monopolio internacional del poder controlado por los intereses de la oligarquía internacional que está lista para reinstalar a los partidarios originales del Puntofijismo en Venezuela, si no una versión más perversa de él.

Las herramientas de este pacto han incluido la promoción de la violencia y las acciones terroristas, las continuas amenazas implacables a la soberanía de Venezuela, sanciones de Estados Unidos, Canadá y la UE, y el bloqueo financiero impuesto al sector de recursos de Venezuela que afecta las importaciones esenciales.

Si hay algún recordatorio útil del golpe de estado de Chávez del 4 de febrero de 1992, es que el monopolio venezolano del poder no ha dejado de existir, sino que se ha trasladado a Washington y otras capitales coloniales. Y si hay alguna implicación para Venezuela, es una advertencia de que el nuevo presidente deberá mantener con mayor firmeza el legado de Chávez y embarcarse en el desmantelamiento del “Puntofijismo” de Washington desafiando su devastador consenso de política internacional.

Notas

[1] http://www.cubasolidarityincanada.ca/2017/02/05/que-aspectos-del-pensamiento-bolivariano-precisamente-inspiraron-a-chavez/

[2] Bart Jones. The Hugo Chavez Story – from Mud Hut to Perpetual Revolution. Random House 2008, p. 136.

[3] http://studylib.net/doc/8626867/puntofijismo-as-a-determinant-of-bolivarianism El Pacto de Punto Fijo recibió su nombre de la casa del fundador de COPEI, Rafael Caldera. Los dos partidos originales signatarios del pacto fueron Acción Democrática (AD) y Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI). Otros signatarios fueron la Iglesia Católica Romana, los representantes militares, comerciales y sindicales.

[4] http://peoplesvoice.ca/2017/02/15/the-real-coup-of-hugo-chavez-on-february-4-1992/